17.05.2017

Entrevista a Juan Ramón Biedma

“Nunca volvieron de Reichenbach”

Biedma es un escritor con un mundo propio plagado de lugares donde conviven  la oscuridad y lo enfermizo,  la fealdad y la inocencia , los supervivientes y los derrotados. Biedma es dueño de mundos donde hace y deshace, donde reina como dueño y señor en sueños luminosos y podridos. Hace apenas un par de años publicó Tus magníficos ojos vengativos cuando todo haya pasado  un relato pulcra y hondamente canónico en el que demostró que su aterrador mundo era, sencillamente, victoriano. Así lo  cuenta en conversación con el Círculo Holmes. 

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Como sherlockiano cuando supe que Biedma iba a escribir sobre Holmes me santigüé e invoqué al Altísimo; lo mismo, supe después, hicieron los biedmadistas  
En cuanto decidí construir una novela alrededor de un mito de la cultura popular tan conocido y complejo como Holmes, supe que los seguidores del hardboiled no tomarían en serio mi obra, la crítica académica mucho menos y el resto pensaría que lo que lo que para mí era una novela histórico - victoriana constituía un montón de patrañas para situar una historieta de aventuras, así que no tuve ninguna duda en seguir adelante.

Acabó la novela en el 2013 y se publicó dos años más tarde ¿No quiso hacerlo de cualquier manera?
Efectivamente, hice lo posible por conseguir la mejor difusión editorial para la novela, lo que teniendo en cuenta la forma en la que está estructurada la industria, hace que se alarguen los plazos. Al final resultó ganadora del Premio Novela Negra de la Diputación de Valencia, lo cual supuso una magnífica fórmula de publicación.

Tus magníficos ojos vengativos cuando todo haya pasado (a partir de ahora TMOV) es, sin embargo, una novela respetuosa y canónica
La única manera de abordar un personaje de estas características –pensándolo bien, no hay otro personaje de estas características? es profundizar en su naturaleza con el mayor respecto para evitar caer en la pantomima pero no hasta el punto de que ese acatamiento paralice nuestra obligación de desarrollar sus atributos.

De hecho, TMOV incluye el relato El problema final  que en su opinión está escrito “con sugerencias, vacios e invisibilidades como, de hecho, todo el Canon. Incluso los cuentos más aparentemente inocuos como “La cara amarilla” esconden  o, a su manera, revelan un mundo atroz …   
El mundo real estaba allí, pero blindado por un feroz código censor y por un patrón estético a los que no estamos sujetos  los autores que retomamos aquellos ambientes y personajes y que, por lo tanto, estamos obligados a incluir en nuestras crónicas.

“Aquel extraño mundo que constituye el Londres del siglo XIX” dice en TMOV. En el siglo XXI la fascinación por la Inglaterra victoriana no decae …
Ningún segmento histórico invita tanto a la evasión como lo que entendemos como victoriano, que es lo que aprendimos siguiendo las correrías de Mister Hyde, del Hombre Invisible, de Dorian Gray, de todos esos maravillosos personajes que nos proporcionaron una iconografía tan sugestiva como falsa de aquella época que ha sustituido íntegramente a la real. Lo que yo aporto es un anexo para escépticos.

El Imperio inglés que se creía invencible y capaz de alcanzar todo (incluso llegar al Más Allá, sea esto lo que fuere) tenía, sin embargo, los pies de barro…
Como todas las expansiones imperialistas, se apoya en la explotación del territorio colonizado, convirtiéndolo en mercado y fuente barata de medios de producción. La España del Siglo de Oro o, más recientemente, la de la colonización africana es buen ejemplo de ello.

El magnífico título de su novela procede de Oscar Wilde, quien también probó las dos caras de la sociedad victoriana …
Normalmente soy incapaz de ponerme a trabajar en una novela sin título, pero en este caso nunca lo tuve del todo claro. Una vez terminada, cuando decidí presentarla al concurso, la llamé Tus magníficos ojos vengativos cuando todo ha pasado con la sensación de libertad de no tener que afrontar las reticencias de una editorial por su escasa comercialidad. Lo que sucedió es que, una vez titulada así, ya nunca quise pensar en denominarla de ninguna otra forma.

Usted tiene un mundo muy definido que, sin embargo, encaja como un guante, en la sociedad victoriana…
Los períodos victorianos y eduardiano, se caracterizan -como otros puntos históricos de inflexión, incluidos el que estamos viviendo- por la migración rural a las ciudades, las diferencias sociales salvajemente marcadas, la revolución tecnológica y la espasmódica metamorfosis moral, lo cual produce una especie de confusión generalizada muy conveniente para mis novelas.

“No todos los ríos de Londres son visibles” se dice en la novela y es que, en cierto modo, las cinco jornadas que relata TMOV , son una bajada a los infiernos, un navegar por cloacas y vertederos, a manos de Carontes deformes. Un infierno poblado de ladrones de cadáveres, ferias de monstruos, indígenas embrutecidos, vodeviles de delirio…
El pan nuestro de cada día, el mundo que también me encuentro cuando no puedo evitar pasar por las proximidades de centros comerciales, guarderías, gimnasios y otras incomprensibles congregaciones.

La novela hace gala de un doble mérito :  una exhaustiva documentación que no obstruye  la narración…
Siempre digo que, para esa época, el factor que dificulta el proceso de documentación es la sobreabundancia de fuentes que suelen conducir a lugares comunes, retratados ya de sobra en otras obras de ficción, de ahí que terminara refugiándome en la hemeroteca, donde tengo y tuve la suerte de tropezar con hallazgos de un valor inapreciable.

¿Hay una semilla del David Lynch de El hombre elefante  en el  Londres de TOMV?
Más bien un trabajo paralelo –al margen de mi admiración por la película- que se manifiesta de forma más ostensible en mi novela El espejo del monstruo (Ediciones B, 2006)

A lo largo de la novela permanece, vive, una constante sensación de amenaza: la niebla oscura recorre la ciudad, en una noche perpetua, un niño sin brazos ceñido en un alambre de espino aparece y desaparece
La misma sensación que prevalece en mis sueños, que se filtra en la vida cuando no logro evitarlo y que termina reapareciendo en mis novelas.

Los niños y niñas, con su inocencia destrozada, vagan por la novela…
Niños vulnerables o no. Son el precio del chantaje, son el chantaje mismo. Cuando observo a un niño no siempre percibo inocencia, muchas veces justo lo opuesto.

Los diálogos tersos y sobrios, e intensos refuerzan esa sensación…
Eso es así muy principalmente cuando interviene el protagonista, Cox, un hombre que ha vuelto a la vida después de perderlo todo y que es consciente de que está robándole una última y provisional indulgencia al destino. Es lógico que no se pueda evitar la sensación de paréntesis.

Dice  en la novela “La niebla se va, todo se distingue nítidamente y eso hace que el mundo sea mucho mas horrendo”
Esa mirada surge, seguramente, de mi necesidad de mantenerme a salvo de ciertas manifestaciones de tedio que es probable que no afecte a los demás: considero que no hay nada más aburrido que el Partido Popular, las mujeres fieles, los hijos que no consumen estupefacientes, los amigos que estánahícuandomáslosnecesitas, el sexo reproductivo, los curas de mente abierta…

Todos sus personajes, hasta los episódicos tienen entidad, a veces los “retrata” con, apenas, un par de trazos…
Creo firmemente en las virtudes de la economía narrativa, aplicada a la descripción de personales pero también al resto de los elementos de la novela; el autor debe tener algo de ese tipo brillante que te encuentras en el bar, te cuenta una historia que se te queda metida en la cabeza durante años y desaparece antes de que hayas tenido tiempo de preguntarle su nombre.

Entre los muchos personajes destaca Rystone Erasmo Cox como una suerte de Philip Marlowe, un caballero andante, un sentimental capaz de morir de amor…
No tengo yo muy claro que realizar cualquier acto por una mujer ?el que sea, jugarnos el cuello, por ejemplo? tenga nada de caballeroso, no al menos en la interpretación que las noveluchas rosas le dan al término; llegamos a hacer lo que llegamos a hacer proyectados por una energía oscura que ni comprendemos ni podemos evitar, pero exclusivamente en beneficio propio.

 … morir de amor por Rambalda, una mujer fuerte, una superviviente…
Rambalda sí que sabe lo que hace, sea cuales sean las consecuencias, a pesar de esa amarga lucidez que la acompaña hasta el final.

Las mujeres que aparecen en TMOV son decididas y rebeldes, toman y llevan la iniciativa. Esa actitud es muy canónica, las mujeres conandoyleanas  son fuertes…
Son fuertes hasta cuando solicitan protección, a manudo arrogantes, en ocasiones misteriosas, casi siempre inteligentes y algunas, en última instancia, desaparecen, que es el gesto romántico supremo que nunca podremos agradecer lo suficiente a una mujer.

Hay algo que comparten muchos de sus personajes, la lucha interna sujetando al instinto, a la bestia, al dolor o, en sus palabras, “esos momentos en que aflora el purgatorio que todos llevamos dentro”…
Esa autocontención que nos impide entregarnos abiertamente a la violencia y a la masacre, o sea, a las mayores fuentes de regocijo que nos ha proporcionado el Creador.

Ninguna lucha como la de Moriarty al que , magistralmente, define con el cuadro de Greuze, La chica con el cordero…
Lo define, como usted ha comprendido perfectamente y otros muchos no, no como una credencial de riqueza deshonestamente adquirida o de esnobismo sino de buen gusto y de empatía inconfesable.

La lucidez de Moriarty le lleva a buscar la sociedad matemáticamente perfecta inspirado en los falansterios de Charles Fourier…
La clave está en las matemáticas. Necesitaba una forma de humanizarlo sin caer en el recurso de atribuirle algún rasgo de artificiosa solidaridad, pero no encontraba ese hilo conductor, hasta que recordé esas comunas perfectas de Fourier sustentadas en proporciones aritméticas, una forma de articulación social en la que una mentalidad analítica como la de Moriarty podría encontrar el estímulo suficiente.

Inesperados brotes de ternura y lealtad, como la relación con una mujer leprosa y  un sacerdote sin fe,  explican a Moriarty.
Uno de los propósitos de la novela –y de toda mi obra? es racionalizar la maldad, impugnar esa creencia tan infantil como comúnmente aceptada de que la villanía es una cualidad monolítica e inmutable que brota en algún otro, siempre son los otros, por impregnación divina.

Sin embargo, Moriarty tiene una veta autodestructiva , le cito: “Llevo toda una vida intentando que los demás me contagien de algo, de lo que sea”
Pero ese deseo, que creo intuir en muchas personas marcadas por esa tendencia al estrago, no es autodestructivo sino todo lo contrario: es la nostalgia de la empatía, o sea, de la normalidad.

¿Solo la muerte, el sacrificio, la venganza, el asesinato de Sherlock Holmes le justificarán, le darán sentido, una vez ha perdido todo?
Creo que nuestro querido profesor Moriarty era demasiado cínico como para pensar que sus actos lo reivindicarán para la historia ni que le importara mucho lograr esa justificación; hacía lo que debía hacer porque era coherente con el papel que le había tocado interpretar.

El Sherlock Holmes de TMOV es ajeno, distante, lejano, consciente de su debilidad y de su soledad…
Mi Holmes es todo eso y además es un sujeto moral, moral porque se plantea dejar de serlo, sucumbir al ideario del justiciero; este planteamiento,  efectivamente, lo debilita pero al mismo tiempo le aporta autenticidad.

El personaje fue creciendo y , en sus palabras, “reclamando su espacio”…
Es una manera de hablar. No creo en esos tópicos de que los personajes cobran vida y se apropian de la historia, pero las novelas no se escriben en un solo día y es inevitable que el desarrollo de los elementos nos haga replanteárnoslos.

La narración finaliza con la venganza (otro tema muy canónico) de los leprosos…
Creo que mi enfoque de la venganza es mucho más radical que el de Mr. Conan: mientras que en su caso suele utilizar ese sentimiento como motor de algunas de sus tramas, yo termino dejando una puerta abierta a los leprosos ?con mi completa bendición? para que siembren el dolor y la destrucción mientras el cuerpo les aguante.

¿Ha tenido menos libertad con TMOV que, por ejemplo, con El Humo en la botella donde el límite está en la imaginación…
No crea, en mis novelas más abiertamente fantásticas o centradas en trastornos mentales me obsesionaba la necesidad de mantener una base de verosimilitud que por su propia naturaleza era aún más difícil de conseguir.

¿Se siente satisfecho de TMOV?
No le voy a decir que no me sienta satisfecho del resultado, pero seguiré explorando la idea del mal, del malvado, como motor de la trama. En cuanto a la acogida de los lectores y de la crítica, debo reconocer que están superando con creces cualquier expectativa.

La última pregunta es obligada: ¿Volvieron?
Nunca volvieron de Reichenbach, se sacrificaron a sí mismos, no hay otra forma de tejer un mito.

Una entrevista de Jabez Wilson (Luis de Luis Otero)

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