02.11.2017

Entrevista a Javier Márquez

“La Fiesta de Orfeo se me fue de las manos”.

Sabe de qué va la cosa y lo tiene claro. Sabes sus gustos, apetitos y caprichos y les rinde cuentas. Sabe que sus deudas le reclaman y lo acepta y lo paga. Con creces y de sobra, reúne en “La Fiesta de Orfeo” obsesiones, guiños y complicidades en una crónica, veraz y entusiasmada, y la pasión por el cine de barrio, el terror fascinado y si, Sherlock Holmes. 

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Una novela post-victoriana escrita por un sevillano nacido a finales de los 70…
Mis anteriores libros fueron sobre gente como Frank Sinatra o Elvis Presley, así que los que me conocen ya están acostumbrados a que fije mi atención más allá de mi generación.

Hay algo especial en la época y en el Londres (post) victoriano que fascina…
Por un lado, fue un tiempo de descubrimientos constantes y teorías revolucionarias; pero, además, la mente de la mayoría de los lectores y espectadores relaciona de manera automática ese ambiente con las historias de misterio y aventuras. Pensemos en un carruaje junto al Támesis, con el Big Ben al fondo, en una noche o amanecer, envuelto por la niebla. Con un fondo así esperamos la aparición de Sherlock Holmes, Jack el Destripador o algún inventor/aventurero con el sello Wells o Verne.

Julio Cortázar, refiriéndose a las identidades inciertas de Jack El Destripador y Shakespeare, comenta la gran afición británica al juego y a plantearse misterios. En cierto modo, La Fiesta de Orfeo es un gran juego…
Y un juego además divertidísimo para su autor. Hay un sinfín de referencias esparcidas a lo largo de la historia. Casi todos los nombres, situaciones, objetos y demás detalles esconden guiños a novelas, películas y personajes populares. Algunas son fáciles de detectar, otras no tanto.

Dentro de la novela popular el pastiche es todo un género en sí mismo y, aunque (muchas veces) se resuelva acumulando guiños al lector, es mucho más difícil de los que parece…
Creo que en algunas ocasiones el gran error es que se intente imitar el estilo de una obra o autor determinado. En mi opinión, un buen pastiche no debe imitar, sino evocar. Es decir, tomar la esencia de esa obra original e impregnar con ella un texto nuevo y original que debe tener las señas de identidad propias de su autor, pero sin traicionar nunca en el original. En el caso de Holmes encontramos de todo: pastiches que son burdas copias, otros que se exceden en sus intentos de innovación y otros que recogen con notable acierto el testigo de Conan Doyle.

¿La inspiración inicial? 
Tenía varios puntos de la trama anotados en mi cuaderno de trabajo desde hacía tiempo, pero lo que lo disparó todo fue un viaje a Londres. Siempre me gustó el cine de la Hammer, y aproveché la ocasión para recopilar material. Una noche, en el hotel, revisando libros y películas, anoté una conversación ficticia entre Peter Cushing y Christopher Lee. Un tiempo después, la combinación de esos elementos echó a volar mi imaginación.

¿Lo más fácil de La Fiesta…?
Disfrutar con su escritura, porque logré dar forma a unos personajes con los que disfrutaba tanto que acabó siendo casi como en un juego de niños, como un actor, metiéndome en la piel de cada uno. Fue genial.

¿Y lo más difícil?
Lo más complicado, o, mejor dicho, lo que más me preocupaba, era el ritmo. Era consciente de que este libro no planteaba cuestiones filosóficas ni pretendía ser una gran obra literaria. Mi objetivo era hacer disfrutar al lector tanto como yo disfruto con películas y libros similares. Y para eso quería imprimir un ritmo y una ambientación que no le permitiesen dejar de leer. Si lo he logrado o no, lo deciden  los lectores..

¿El mayor reto haya sido dotar a La Fiesta de Orfeo de credibilidad y verosimilitud?
 Eso también me importaba mucho. Además, me lo planteé desde una perspectiva muy escéptica. Tengo amigos que recelan de la novela de misterio y terror. Así que los tomé como lectores tipo a los que tenía que convencer. Para lograrlo recurrí a pasajes muy cotidianos, como la apertura, con un funcionario de correos recordando una fiesta; o el viaje de Peter Cushing, su esposa y un amigo a la playa. Incluso el inspector Carmichael, en los últimos capítulos, sigue dudando de que lo que sucede sea realmente algo sobrenatural.

El proceso de documentación tuvo que ser, cuanto menos, entretenido… ¿Qué te dio más lata?
A la hora de documentarme nada me da lata, porque es algo que me encanta. Disfruto mucho con los detalles. Me encanta dar marcas de todo, porque eso me ayuda también a hacer más realista una historia. Un mundo en el que cada coche, cada vino, cada marca de tabaco o de tejido tiene nombre propio, es un mundo real y tangible. Así que fue un placer.

¿Qué costó más?
Tal vez lo que más me costó fue la cuestión automovilística. Quería encontrar el coche adecuado de la época para cada personaje, y estudiar el trazado de las calles de Londres para intentar comprobar cuáles eran transitables, en qué direcciones, etc.

Nada más arrancar la novela, el lector se enfrenta a un asesinato múltiple e incomprensible, a un alarde detectivesco y a la intimidad de un ídolo del cine. Tres capítulos y el aficionado/a ya “se siente en casa”…
Bueno, desde el principio el editor me dijo que el arranque era sensacional, que era una gran baza para nosotros, algo que no podía hacerme más feliz. Trabajé mucho ese principio. Quería que el lector quedase noqueado, asustado –en el primer capítulo-, terriblemente intrigado –con el segundo-, y darle un respiro que lo anclase además a un mundo muy real –con el tercero.

El último “tramo” de la novela está “cuajado” de acción, escrito con la vocación de disfrutar.
Tenía la novela bien diseñada sobre el papel, y el final debía “explotar” en los últimos tres o cuatro capítulos. Sin embargo, al final acaba ocupando casi un tercio del libro, porque a partir de cierto momento, cierta fiesta, es como la gran caída de la montaña rusa. De hecho, hay pequeños puntos de la trama que no quedaron resueltos como me hubiera gustado porque prefería sacrificarlo en beneficio de ese ritmo endiablado.

Del que disfrutó enormemente.
Reconozco que en ese momento fui un autor egoísta: estaba disfrutando como un chiquillo, casi no podía dejar de escribir, y no me preocupaba en ese momento mucho más. “¿Será demasiado largo, demasiado, intenso, demasiado…?” Decidí no preocuparme y dejarme llevar. Supuse que yo disfrutaba, el lector también lo haría.

La novela, aunque tiene muchos personajes, escenarios, citas, y situaciones tiene una gran coherencia ¿Nunca tuviste la sensación de que se te podía “ir de las manos”?
No, para nada, de hecho, se me fue de las manos, aunque debo decir que fue una anarquía controlada. Hay dos casos evidentes: Los personajes de los dos detectives y el del clérigo eran anecdóticos al principio, pero me gustaron tanto en sus primeras apariciones que no tuve más remedio que darles más protagonismo. De hecho, tenía ya el libro preparado y el reverendo me pedía más presencia, y acabé dándole un capítulo completo. Por otro lado, el final iba a ser mucho más contenido, muy Hammer Films. Pero en aquellos días recuerdo que andaba revisando a John Carpenter y la cosa acabó explotando como una botella de champán –como lo definió recientemente un lector-, y no me resistí a dejar volar mi imaginación… y lo que pillara por delante.

La Fiesta de Orfeo es, también, un compendio o amalgama del miedo, el terror y sus distintas manifestaciones literarias, artísticas y fílmicas…
Lo paso fantásticamente mal con el terror. Me fascina y me estremece al mismo tiempo. Desde niño he disfrutado con todo lo que rodea al terror, y en el libro quise abordar el asunto desde una perspectiva realista y racional para ir derivando poco a poco hacia el ámbito más fantástico.

En cierto sentido, se ha dado el gustazo de rodar su propia película de la Hammer…
Desde luego. Al menos en buena parte de la obra. Reconozco que en algunos puntos, sobre todo hacia el final, me aparto de la línea habitual del estudio. Pero sin duda, el espíritu general es ése. En mi mente así lo veía mientras escribía. Visualizaba cada pasaje como una película, con sus planos, colores, iluminación, banda sonora… Y así intenté transmitirlo. 

Por edad no puede haber vivido el esplendor de la Hammer, ni de su “medio natural” los cines de barrio.
Mi madre siempre ha sido una gran aficionada este tipo de cine y recuerdo haber visto con ellas algunas películas de este estudio por televisión. Pero creo que mi gran lazo con la Hammer es Sherlock Holmes. Tal y como concibo el universo holmesiano, en cualquier película del estudio, ya sea de la saga Drácula, Frankenstein o cualquier otra –por obviar la más evidente-, vería perfectamente lógico que apareciese el gran detective en cualquier esquina. Esos colores, esos personajes, esos escenarios. ¡Es su hábitat natural! A partir de esa fascinación, he ido con los años viendo mucho de ese cine, reuniendo libros, documentales, etc.

¿Qué ha convertido al cine de la Hammer en un cine de culto?
Creo que hay dos puntos clave. Por un lado, la atmósfera que lograron crear con una conjunción de elementos como fueron el uso del Technicolor, los escenarios, las bandas sonoras… En este sentido fue crucial el trabajo de Terence Fisher como realizador. Él asentó unas bases que otros se limitaron a reproducir y adaptar.
Por otro lado, no cabe duda de que la Hammer contó con una serie de actores habituales, tanto principales como secundarios, de notable talento. Y a la cabeza de ellos, claro, estaban Peter Cushing y Christopher Lee. Si vemos la televisión, cambiamos de canal y nos encontramos con una película de la Hammer, creo que la reconocemos rápidamente, la hayamos visto o no, por esas marcas de la casa.

Hablando de películas de miedo, un acertado cameo de Boris Karloff le sirve en la novela para hacer un cariñoso homenaje al terror de la Universal…
Así es, me parecía un guiño simpático. En toda la novela cuidé la cuestión de fechas y lugares, salvo en este caso. Era consciente de que en ese momento Karloff estaba en Estados Unidos rodando una película, pero me tomé esa licencia literaria porque me parecía un pasaje entrañable al tiempo que de alta intensidad dramática, a tenor de los recuerdos que evoca el actor.

Sin embargo, ese estilo de terror (el de la Universal) ha envejecido mal, se ha convertido en un cine entrañable…
Yo no diría que ese cine haya envejecido mal. Tal vez somos nosotros los que hemos evolucionado mal. El cine de terror lo tiene cada vez más difícil, y cada nueva cinta suele ser más violenta.
Hoy, casi todos los que quieren asustar al espectador acaban rozando lo gore. Estamos tan acostumbrado a sucesos y escenas terribles que cada vez es más difícil asustarnos. Aquellas películas, entrañables como dices, son una muestra de la inocencia perdida del ser humano.

Peter Cushing como protagonista?
Siempre me gustó. Ese Van Helsing con aires de Holmes, o Holmes con toques de Van Helsing, como se prefiera, siempre ha sido mi héroe favorito. Me encanta la literatura y el cine de misterio, y Peter Cushing siempre fue mi gran referente. Cuando me planteé la posibilidad de escribir una novela con él como protagonista pensé que podía ser algo fantástico. Una historia a su medida. Y de hecho, todos los personajes principales de la novela, incluido el villano, tienen algo de él.

Aunque no tenga aspecto de ídolo de multitudes por su “pinta” para muchas personas Peter Cushing es todo un mito…
Es que supo imprimir un carácter irrepetible a dos personajes legendarios, el doctor Frankenstein y Sherlock Holmes. Pensemos que siempre, en todas las películas basadas en la obra de Mary Shelley, todo el interés recae en la criatura, y sobre él se gestan las continuaciones. Salvo en el caso de la saga de Hammer Films –fantástica, por cierto-, donde es el barón encarnado por Cushing el gran protagonista.

El Peter Cushing que llegó a la Hammer era muy diferente al que la dejó. En cierto sentido la novela puede leerse como el “rito de paso” que le hizo adquirir esa especial intensidad de sus interpretaciones…
Es que todo surgió de un planteamiento fantástico: “¿Y si algún suceso terrible hubiese sido el causante de que un actor entrañable de teatro y televisión se convirtiese en uno de los maestros del cine de terror?” Me fascinó la idea de jugar con esa posibilidad, y con ella, de manera sutil, cierro la historia.

Su manera de mirar, no sé cómo definirla, quizás como absorta y enajenada era una de sus señas de identidad…
Era un hombre de muchos recursos. Basta ver sus fotografías o películas personales, en las que no interpretaba, para comprobar que era un ser humano completamente opuesto a la mayoría de sus encarnaciones. Era tranquilo, afable y hasta timorato. Que alguien así perfilase aquel Holmes, aquel Van Helsing, aquel Frankenstein… Para mí, eso es talento.

Una cosa es segura, después de leer La Fiesta de Orfeo no se puede volver a ver La Maldición de Frankestein con los mismos ojos…
Muchas gracias, es un gran halago. Ojalá fuera así. Si con esta lectura, además de hacer pasar un buen rato, animo a que algunas personas se lancen a revisar películas de Cushing, tal vez incluso a verlas por primera vez, sería una gran satisfacción.

El “leit motiv” de la novela es la búsqueda de una misteriosa película y se articula en función de dos tramas: una onírica (la protagonizada por Cushing) y otra “racional” la protagonizada por el Inspector Carmichael…
Me interesaba jugar con ambos planos hasta el final. Me encanta el terror, el misterio y la fantasía, pero soy al tiempo muy racional. Y en mi opinión no hay mayor miedo que aquel suceso inexplicable que irrumpe en el mundo de la lógica.

Carmichael y Logan (su ayudante) no disimulan su filiación holmesiana - 
En absoluto. Pero es que era difícil. Pensemos en una historia ambientada en Londres con un detective veterano y otro más joven. Ya esa descripción creo que llevaría a casi todos a pensar en Holmes. Pero sí, no obstante fue una referencia constante. En una novela que es un gran tributo a mis recuerdos de infancia y juventud, Homes y Watson debían tener presencia destacada.

Tienen también una influencia de John Silence (el Holmes sobrenatural) de Algernon Blackwood.
Sí, pero ésta no fue algo premeditado. Conforme iba escribiendo y montando las tramas me fui dando cuenta de que estaba ahí. Tal vez fue una de esas bromas del subconsciente, de la que he tenido más de una en este libro.

Hablando de Holmes ¿Cuál fue tu primer contacto con él?
Si no recuerdo mal fue el „Sabueso de los Baskerville‟ en aquella colección naranja de RTVE, que cogí de la biblioteca de mis abuelos. Era un crío, de siete u ocho años. En aquella época pasaban también aquella serie de animación. También recuerdo una serie breve pero interesante sobre un Holmes juvenil, Young Sherlock Holmes, (no confundir con El secreto de la pirámide’, que en su versión original tiene el mismo título), y la gran seducción llegó con la serie de Jeremy Brett. Ya por aquella época me había acercado a los relatos de Doyle. Desde entonces ha sido una relación continua y muy satisfactoria.

Además, Cushing fue un extraordinario Holmes…
Excelente, en mi opinión. Le imprimió mucho dinamismo y agilidad. La Hammer se planteó hacer una serie, pero como no funcionó en taquilla como esperaban, cancelaron los planes, fue una pena. En su trabajo en la BBC, con una interpretación más reflexiva y comedida, también lo hizo genial. Gustándome la versión Hammer, creo que la de la BBC es la más fiel al espíritu original. Es una verdadera lástima que sólo se conserven unos pocos episodios.

Y Christopher Lee… que además interpretó a Sherlock Holmes, a Henry Baskerville y a Mycroft Holmes, también “sale” en La Fiesta de Orfeo…
Lee fue un Holmes interesante en aquella producción alemana dirigida, curiosamente, por el propio Terence Fisher, “El Collar de la Muerte”. Los telefilmes de hace algunos años no me seducen demasiado. Sin embargo, creo que en esos otros papeles, en el de Mycroft sobre todo, estaba espléndido. 

Por cierto, en su opinión ¿Quién ha sido el mejor Holmes?
Tengo el corazón dividido. Cushing y Brett, Brett y Cushing. Peter tiene algo que me seduce y encandila, sin embargo, Brett llegó a apoderarse tanto del personaje –o éste del actor-, que la identificación me parece total y absoluta. Por otro lado, la producción de las primeras temporadas de Brett es sencillamente soberbia. Si tuviera que quedarme con uno, poniendo todos los elementos en la balanza (ambientación, guiones, interpretación, secundarios, detalles miles), creo que me decantaría por Brett.

¿Y cuál es su relato favorito? ¿Y el que menos te gusta?
Se que voy a quedar fatal con esta respuesta, pero creo que no tengo criterio para responder. He leído el Canon un par de veces, pero la última debió ser hace más de diez años. Desde entonces he hecho lecturas esporádicas del mismo, algo que unido a mi nefasta retentiva, me llevan a tener imágenes globales, en absoluto suficientes para decantarme por uno u otro título. Aunque creo que sí que me quedara con tres relatos sarían “La liga de pelirrojos”, “Escándalo en Bohemia‟ y “La banda moteada” como mis favoritos. ¿Por qué? Pura nostalgia. Estaban en el primer libro de Holmes que me compré siendo crío y los leí no sé cuántas veces.

¿Y su pastiche favorito?
“herlock Holmes contra Fu Manchú’. Mi decisión es también más nostálgica que lógica. Me regalaron aquel libro de Holmes, con Cushing y Lee en la portada –cada uno caracterizado de un personaje-, cuando lo publicó Planeta, en los ochenta, y era uno de mis grandes tesoros. Lo he buscado con motivo de esta entrevista y me ha hecho estremecer. Desde que me pasaron la portada de mi libro veía que tenía algo, no sabía decir qué. Me encantaba, me fascinaba ese Cushing en la esquina, me resultaba… familiar. Dos meses después he comprobado que esa misma foto en el mismo ángulo adorna la portada de este pastiche que leí y revisé varias veces hace como veinte años. Lo tenía ahí, en lo más cálido de mi memoria sentimental, y no lo ubicaba. Ha sido genial.2

Hace un homenaje a un ilustre pastiche: la mítica “El nombre de la Rosa”…
Así es. Necesitaba una referencia determinada y me dije ¿por qué no? Hay algo similar con otros personajes  literarios/cinematográficos, como el sacerdote de „El exorcista’.

En un momento de la novela se dice “El mucho leer y el poco vivir comenzaba a jugarles malas pasadas” ¿Tan grave es?
Yo soy de los que leen mucho y ven mucho cine. En mi opinión no es malo, pero creo que no debe olvidarse uno de vivir su propia vida, y no resignarse a vivir las de otros. Esa frase es una adaptación de mi frase preferida de ”El Quijote‟: “Del poco comer y el mucho leer se le vino a secar el cerebro”. Creo que todo en esta vida es cuestión de moderación. 

Otro tema de la novela es el satanismo…
Si Dios es bondad –dicen– su Némesis debe ser todo maldad. Pero cómo se pasa de ser el preferido a ser el gran antagonista. Ahí hay algo que no nos han contado… Por eso todo lo que se refiere a Lucifer y el Infierno lo encuentro fascinante como reflejo de Dios y el Cielo; la otra cara de la moneda. Y cuando uno toma ambos conceptos y busca reflejos, interpretaciones, revisiones, etc., surgen las ideas y tramas más singulares. Dios dictó su Biblia y envió a su hijo hace dos mil años. Pero Lucifer parece ser siempre más cuco. Y los medios de comunicación actuales no son moco de pavo…

¿Cree en el Diablo?
Tanto como en Dios. La lógica me inclina hacia el no y un cierto romanticismo me lleva a dejar un lugar para la duda.

¿Volveran Carmichael y Logan?
Espero que sí. La trama ya está planteada. Eso sí, esta vez ya sin Peter Cushing. Pero habrá que ver primero qué tal funciona el libro. De momento les he dado permiso…

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