12.11.2017

Entrevista a Mariano Fernández Urresti

“La pasión por Sherlock y Watson es propia de inadaptados, hay algo oscuro en los holmesianos”.

Con “Las violetas del Círculo Sherlock”  Mariano F. Urresti se propuso pagar muchas deudas: con un tiempo real, con un tiempo imaginario; con una ciudad del siglo XX con otra del siglo XIX; con una metrópoli, con una provincia; con los personajes de siempre, con los héroes de nunca; con la gente de antes, con la gente de ahora; con el pasado más rancio, con el presente más atroz….
Fue, claro, un reto y un viaje.
Y nos lo cuenta.

11102761_664384757023182_8506078929404943424_n.jpg

Titula sus conferencias “Sherlock Holmes: el Golem literario”…
Si, la verdad es que lo lamento por el pobre sir Arthur Conan Doyle y por su patético intento de acabar con su criatura en “El problema final”, pero es evidente que Sherlock cobró vida propia – si es que no la tuvo desde el primer momento - y en realidad quien nunca existió fue Doyle.

Un día se propuso recrear una historia de Sherlock Holmes en la España del siglo XXI.
Hace años, siendo adolescente, vi la película “Asesinato por decreto”, donde por vez primera se juntaban ante mis ojos las figuras de Jack el Destripador y nuestro amado Holmes. No te diré que entonces tuve la idea de escribir una novela como “Las violetas del Círculo Sherlock”, obviamente, pero sí que aquella película regó un brote que ya existía anteriormente, cuando siendo aún más niño me aterró y fascinó a la vez una versión televisiva en blanco y negro de “El sabueso de los Baskerville”.

Para que funcionase su premisa del Sherlock Holmes en el siglo XXI  tiene que estar plagado de verosimilitud en cada página. En este sentido, era esencial la recreación de “la ciudad de norte” como un personaje más
Esa ciudad que, como dices, se convierte en un personaje más es Torrelavega. Es la ciudad del norte lluviosa, gris y decadente. En la novela nunca se la menciona por su nombre, e incluso se la agranda. Necesitaba una ciudad más grande y un barrio norte (en realidad, “La Inmobiliaria”, que es el barrio real que sirve de inspiración y donde nació y se crió mi padre) con mayor población, para que su vigilancia fuera más difícil para la policía. Fue una recomendación que me hizo el comisario de la Policía Nacional de Torrelavega en aquel momento, cuando me llegué a su despacho y solicité su ayuda para dar forma a esa novela.

Y era fundamental también que sus habitantes, sus vecinos, sus relaciones  fueran de carne y hueso
 La ciudad real, Torrelavega, cuenta con una importante población emigrante especialmente en ese barrio. Al mismo tiempo, existe entre alguna “élite” cultural y medio burguesa el recuerdo perenne de la ciudad que un día fue y ya no es, por más que la recreen en su memoria. La antigua ciudad industrial, pujante, repleta de sucursales bancarias hace mucho tiempo que murió, pero hay quienes parecen no haberse dado cuenta de que el sepelio tuvo lugar hace años. Nada es igual, ni el color de sus habitantes, ni su origen, ni tampoco sus valores. Por eso la ciudad y sus personajes resultan tan creíbles. Lo son, porque son reales en gran medida.

Destacan entre los personajes la pareja de sacerdotes, dos parches, en cierto sentido dos héroes, contra un aluvión de pobreza y violencia y degradación…
En cierto modo, los dos sacerdotes encarnan dos visiones diferentes del mundo, de la labor pastoral e incluso de la vida. Tampoco fueron elegidos al azar, puesto que la parroquia de la Asunción (Anunciación en la novela) se caracterizó en los estertores del franquismo y durante la transición y los primeros años de la democracia por su militancia obrera. En cambio, otros sectores del clero no se mostraban igual de solidarios con la joven democracia.

Sus personajes femeninos resaltan por su fortaleza, entereza e independencia.
Quería que todas las mujeres pudieran ser “la mujer”. El final de la novela, tan abierto en lo que atañe a cuál de las dos protagonistas se queda con Sergio Olmos es precisamente un juego con el lector. ¿Quién es en realidad “mi” Irene Adler?

Ha cuidado en especial la vida privada y cotidiana de los personajes…
Quería que si los héroes salían de algún modo del canon sherlockiano pudieran parecer reales, que tuvieran una biografía creíble, miserias que ocultar, silencios que era mejor no llenar. La idea de la “rebelión” de todos los “Sancho Panza”, de todos los “Watson” de la literatura exigía que fueran personajes de carne y hueso, al menos en la imaginación del lector.

Los libros de Baring Gould , Jesús Urceloy y Patricia Cornwell le sirvieron de cuaderno de bitácora
En el caso de Sherlock, naturalmente estuvieron presentes Baring Gould y Urceloy. No fueron los únicos, pero sí fueron esenciales. En cuanto a Jack el Destripador, Cornwell aporta algunos datos de interés, pero no estoy de acuerdo con ella sobre la identidad de Jack (Walter Sickert). Sobre Jack leí bastantes libros y prensa de la época que se puede encontrar en Internet. De hecho, leí la mayoría de los artículos que se publicaron sobre los crímenes de Whitechapel para poder determinar, casi, dónde fueron vistas las víctimas en las últimas horas de su vida.

Los personajes añoran, en mayor o menor medida , un mundo , un tiempo perdido
Todos mis libros, ya sean ensayos o novelas, tienen como protagonista al Tiempo. Su inexorable paso, el deseo de viajar por él, de alcanzar la inmortalidad para poder detenerlo… Los personajes añoran no exactamente un mundo perdido, sino un tiempo perdido, el que nunca regresará.

Por ejemplo, un grupo de universitarios, más o menos excéntricos, que se unen para recrear en modales, rituales, vestimenta el mundo victoriano en torno a la literatura de Conan Doyle…
El modo en que podía traer a la vida a Sherlock en una novela en la que jamás apareciera pero en la que iba a estar constantemente presente era ése, pensé. Imaginé un puñado de tipos tan locos, tan apasionados como podría estar yo mismo, por Sherlock y el mundo victoriano en el que nació. Deberían ser imperfectos, muy imperfectos. Eso les haría parecerse a mí, y yo me vería reflejado en ellos.

Soberbio, altivo, clasista, egoísta y egocéntrico… su Sherlock Holmes al que define como “soberbio, petulante, frío y distante” no es, desde luego, ni un héroe; ni, siquiera, un antihéroe
Yo diría que es un héroe creíble en el siglo XXI, donde todas las cosas se han relativizado. Nadie es ángel ni demonio al completo. Y yo, menos que nadie, y quería que Sergio me cayera bien, para lo cual era imprescindible que no le cayera bien a todo el mundo. Además, creo que uno de los grandes atractivos de Sherlock Holmes es justamente su imperfección: altivo, cae en los brazos de la cocaína disuelta al siete por ciento, aparentemente ajeno a los sentimientos humanos… Un hombre torturado, desplazado y, a la vez, generoso y capaz de jugarse la vida por una causa justa.

¿Qué le llamó la atención de las asociaciones holmesianas? ¿Cómo se documentó para escribir sobre ellas?
Había leído sobre la existencia del Círculo Holmes (es evidente al leer el título de mi novela), y tiempo después tuve la suerte de que Miguel Ojeda me invitara a ir a Barcelona para hablar de otra de mis novelas (“Agatha escribía con sangre”) Me fascinaba y tranquilizaba a la vez que hubiera personas aún más locas que yo a propósito de Sherlock. Creo que esa fascinación que se advierte en series de televisión (magnífico el “Sherlock” de la BBC) o en el cine y la literatura demuestra que Doyle pulsó una tecla que le hizo conectar con un arquetipo eterno.

Conoce a muchos holmesianos, usted entre ellos, que nos/les distingue
Creo que la pasión por Sherlock y Watson (siempre tan olvidado) es propia de inadaptados. Yo me considero así, y me temo que es posible que le pueda suceder a otros holmesianos. No es sólo evasión sana lo que perseguimos, sino algo más profundo: alejarnos por completo de este mundo que nos incomoda. Regresar, de alguna manera, a Neverland, donde habita el niño que fuimos, el iconoclasta que no nos atrevemos a ser (Holmes era a su vez un hombre que se sentía incómodo en el mundo, y no sólo porque no encontraba adversarios de su nivel) Hay algo oscuro bajo el ceño fruncido de Holmes y sus manos unidas mientras medita, y creo que hay algo oscuro en todos los holmesianos. Un secreto por confesar, que no le revelarán ni siquiera a Watson cuando nos llegue a todos “El último saludo”.

La Cofradía de la Historia también quiere, en su novela, preservar un mundo que ha desaparecido, en palabras de Clarín, el de aquella ciudad que “dormía heroica la siesta”
Exactamente, es eso. Yo veía a la Cofradía de la Historia (en Torrelavega hay una “Cofradía del Hojaldre” y también el grupo “Quercus”, un grupo de intelectuales y notables que hace bandera del pasado de la ciudad y la defiende heroicamente, lo cual es loable) como un ejemplo de un mundo que ya no existe pero por el que, como espectros, transitan hombres de nuestros días.

Es curioso que, en estas sociedades, no son plácidas, como en todo grupo humano enseguida, se ponen en juego los egos…
Emergen egos, es cierto. Afloran miserias y grandezas. Supongo que como sucede en todas las reuniones humanas. Incluso en los matrimonios, que son uniones de dos.

La novela es un juego de espejos, la ficción refleja la realidad y, también, parece que la realidad se realimenta de la ficción…
¿Acaso no es así la vida? La realidad lo es porque convenimos que lo sea para no volvernos locos, pero ¿la realidad es real en realidad?

Este exigente planteamiento le habrá obligado a planear un estructura férrea y una preparación intensa de la novela.
La novela la diseñé como si fuera una catedral gótica (jajaja) De haberlo pensado dos veces, me hubiera entregado a la empresa de edificar una ermita. Quería muchas historias y un solo dios verdadero (Holmes) Quería un antagonista que fuera más allá de lo que fue Moriarty. Releí el Canon, apunté ideas… Visité Londres, recorrí los escenarios de los crímenes de Jack… Busqué escenarios en Torrelavega que pudieran sostener la comparación y me hacía acompañar de todos los personajes, que cada vez eran más numerosos, y viajaban en mi cabeza. Primero, nacieron los miembros del Círculo, y primero que ninguno de ellos nació Sergio Olmos. Pero José Guazo no tardó venir conmigo a todas partes. Y Marcos Olmos, cuando vino a mí, creció tanto que me desbordó. Se parecía tanto a mí…

Y es que, al contrario que en muchas novelas que citan al Canon, usted lo usa como parte esencial y motor de la trama…
Por supuesto. Se trataba de que el lector de mi novela conociera el Canon, y mi esperanza era que se lo leyera íntegramente cuando acabara mi libro.

Y, curiosamente, no es una novela para iniciados, su respeto al lector es máximo y no le deja de la mano, al contrario, le acompaña y guía…
Evidentemente, cuando uno escribe un libro (una novela, en este caso) desea que lo lea el mayor número de personas posible. Yo no quería que los lectores fueran iniciados en Sherlock, sino iniciarlos en la medida en que yo fuera capaz de hacerlo. Pero al mismo tiempo no quería ser irreverente ante quienes saben mucho más que yo sobre el detective.

La contrafigura de Holmes es, para usted, Jack el Destripador . Narra la historia de Saucy Jack con detalle y la hace accesible, cada lector sale hecho un ripperólogo…
En esta ocasión, no habría un Moriarty, sino un personaje real. Jack me fascina porque no conocemos su rostro, y parecía muy interesante mezclar a un personaje real que se ha convertido en leyenda con un personaje legendario y literario que se ha convertido en real en la mente de millones de personas. Además, quería darle un giro a todo ello poniéndome en los zapatos de los secundarios de las historias literarias, a los que se presumía hartos de ser la sombra del héroe.

Es curiosa esa doble fascinación: ¡Cuanto holmesiano es ripperólogo y al revés! 
En mi caso, hay más de holmesiano que de ripperólogo, pero no reniego de lo segundo. Me apasiona el enigma que supone Jack y cuando visitó  Whitechapel se me pone la carne de gallina, y no es por miedo.

Los mitos crecen y están llenos de enigmas que aumentan con el paso del tiempo, por eso persisten. ¿No será que, en el fondo, no queremos que se resuelvan, que no queremos librarnos de ellos?
En realidad, yo no quiero que descubran quien fue Jack. Naturalmente, mi parte intelectual desea satisfacer esa curiosidad, pero dado que ya no se podrá hacer justicia, me parece más seductor desconocer su identidad. El mito siempre fascina más que la historia.

En su novela realiza reflexiones sobre la (re) creación literaria. Por un lado, en lo que se refiere al periodismo y su capacidad, no solo para distorsionar la realidad, sino para crearla de nueva…
Desconfío de los periodistas. Es evidente en esa novela y otras que he escrito. No tengo nada contra ellos, e incluso yo mismo he ejercido como tal, pero la prensa, en última instancia, es un negocio. Hablamos de empresas que tienen accionistas, que tienen intereses, que tienen líneas editoriales… y no hay nada más fácil de conseguir y más terrible, que la autocensura.

Y, por otro, en cuanto a la creación y difusión de la obra literaria y la importancia de agentes, editoriales, relaciones, etc…
Escribir un libro es relativamente fácil; publicarlo, es infinitamente más difícil. Y conseguir que se venda, es una proeza homérica. Los libros no se venden como los yogures, en paquetes, sino de uno en uno, y si la prensa es un negocio, la literatura también lo es. Tú escribes tu libro en soledad, pero después te despides de él para siempre. Estás en manos de un agente literario (si tienes la suerte de contar con uno), de un editor que crea en tu libro, y especialmente de los distribuidores. Cuando llegas al librero, puede que dures una semana en el escaparate, si tienes mucha suerte.

Es su novela, lo oculto, lo sobrenatural y el Tarot como expresión o lenguaje para decir aquello que las palabras no alcanzan no es un mero recurso estilístico para darle color o pintoresquismo a la trama…
Traté de jugar con el Tarot como un medio al que acceder a conocimientos imposibles para el hombre común. La idea era trasladar al siglo XXI la aportación que, dicen, realizó el vidente Robert James Lees en la investigación sobre Jack el Destripador. Según se cuenta, Lees tuvo una visión sobre quién era en realidad el asesino al verlo mientras viajaba en un coche de caballos.

Con esta novela, así como con las que dedicó a Julio Verne y a Agatha Christie da la sensación de que está pagando una enorme deuda de gratitud…
Si, y lo hago porque les quiero tanto… Y no son los únicos. Hay dos novelas escritas que siguen esa línea de trabajo. Espero que puedan ver la luz un día. Pero desde luego que la literatura decimonónica, especialmente la inglesa, me fascina. Agatha fue tan longeva que dejó atrás su educación victoriana para proseguir con paso firme su periplo por la historia inglesa, pero la considero (y ella misma lo hacía) deudora de Sherlock Holmes. En cuanto a Verne, me admiró su capacidad de trabajo y su anarquismo encarnado en un tipo que, aparentemente, era un hombre de orden. Imaginar, soñar universos lejanos, tan diferentes al que él mismo vivía y al que vivimos los demás. Pero no son los únicos autores que me fascinan. Reverencio al “Drácula” de Bram Stoker, a las mil criaturas de Dickens y especialmente a sus fantasmas, a Robert Louis Stevenson… A los libros con los que crecí. Si pudiera, haría un hueco para “Mortadelo y Filemón”, “Asterix y Obelix” y, naturalmente, al “Capitán Trueno”.

¿Ha saldado la deuda con Holmes? 
No, no he saldado la deuda. Sergio Olmos pretendía escribir una novela que reconstruyera los años perdidos de Holmes, desde “El problema final” hasta “La aventura de la casa vacía”. A lo mejor un día, Olmos regresa.

Admin - 17:44:18 @ ENTREVISTAS | Agregar un comentario

Agregar comentario

Fill out the form below to add your own comments