Círculo Holmes
               Asociación española de amigos de Sherlock Holmes

Bienvenido a nuestro cajón de sastre


Efectivamente, este es nuestro cajón de sastre. Aquí iremos poniendo todo aquello que no tenemos integrado en los demás menús. De momento podeis disfrutar de Entrevistas, Podcasts y Artículos que iremos colgando a medida que podamos. Ya podeis ir disfrutando de las buenas entrevistas realizadas por nuestro Jabez Wilson particular, Luís de Luís y de algunos podcasts que hemos recuperado por ahí, alguno de ellos realmente importante y difícil de conseguir. ¡Pasen y vean!

17.05.2017

Entrevista a José Goás

“No tengo pensado dejar de escribir aventuras de Sherlock Holmes. Nunca.”

José Goas es holmesiano  militante, respetuoso e impenitente. Decidido y tenaz, proyecta su visión del siglo XX - que para él comienza, con razón, veinte años antes - a través de la mirada de Sherlock Holmes para revelar un mundo de intrigas, aventura y farsa que desmenuza a continuación:  

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Le debe a Sherlock Holmes “al menos un favor muy grande”
Cuando hace años decidí presentarme a las oposiciones de Escuelas de Idiomas, tenía que defender una programación didáctica. Como ese es un trabajo muy feo y aburrido, me dije: en este lance tan decisivo, una de las pasiones que me han acompañado toda la vida va a tener algo que decir. Diseñé una programación alrededor de la figura del Maestro y la defendí ante el tribunal. Por supuesto, aprobé la oposición de manera holgada: sabía que jugaba con ventaja al contar con la ayuda de Holmes.

¿Y no cree ser capaz de “pagarle como se merece”?
He intentado corresponderle, contribuyendo, junto con otros muchos autores, a que su nombre no desaparezca jamás de la hoja impresa. No tengo pensado dejar de escribir aventuras de Sherlock Holmes. Nunca.

¿Cuándo empezó todo?
Me hice adicto a Sherlock Holmes cuando tenía 8 ó 9 años. Lo seguía siendo en mi adolescencia, en 1985, en una España sin internet y con poquísimos libros sobre Sherlock Holmes a la vista, en el que conseguir un pastiche de USA era una empresa cara y titánica. Fueron décadas en las que Sherlock Holmes estaba en hibernación en cuanto a su popularidad. Yo sólo conocía a una persona, un amigo de Lugo, que amaba las historias del detective como lo hacía  yo. Creíamos que éramos los únicos dos locos (en Galicia, por lo menos) interesados en un señor del siglo XIX, vestido raro, aparentemente enclenque, que era más listo que nadie y que para probarlo solucionaba los enigmas más increíbles.    
 
¿Su periodo  holmesiano favorito  es a partir de 1897?
Eso viene condicionado por mi interés en mantener una cronología a partir de El retorno del cazador. Decidí situar la novela en ese año porque quería que coincidiese con el Jubileo y poder así desarrollar una trama de conspiración, terrorismo y paranoia, temática que siempre  me ha fascinado. Por lo tanto, no tengo especial fijación con ninguna fecha concreta; el asunto es que tiendo a engancharme de algún acontecimiento histórico, y eso me arrastra en direcciones imprevistas, pero es totalmente factible que mi próximo texto sherlockiano esté situado en 1880, por poner un ejemplo.

La novela de espías es su género favorito…
Sí, el género de espionaje normalmente me hace babear, tanto en su vertiente deprimente o realista –podríamos llamarle “neorrealista”- en plan Le Carré, como en la más pirotécnica y heroica de Ian Fleming, o toda la panda de sucedáneos europeos tipo Jean Bruce y su OSS117, o el Komissar X de Alfred Mueller. Frederick Forsyth también está ahí arriba, junto con Eric Ambler. Me gustan menos Tom Clancy y Robert Ludlum, pero se leen.

¿Hasta Ken Follett?
No puedo decir lo mismo de Ken Follett, que he desechado definitivamente. Y, antes de cerrar esta lista hecha a bote pronto, he de decir que no sé cómo no he nombrado a Somerset Maugham en primer lugar. Las historias de Ashenden son de genuflexión obligada.

De los muchos aspectos del Canon usted toma como inspiración para sus novelas  sus aventuras de espionaje : El Tratado Naval, Los planos del Bruce Partington, Su ultimo saludo, La segunda mancha…
Casi siempre intento introducir un enigma, un recuerdo, una historia, de más o menos peso, que remita al mundo del espionaje. Cosa que, por otro lado, sale sola, ya que Sherlock Holmes, si lo hubiese decidido, podría haber llegado a ser uno de los más grandes espías que han existido, sino el más grande.

En general en sus novelas predominan las escenas de acción  que son muy visuales, no deja que el lector se aburra…
Sí, para mí la acción es un ingrediente importante en las historias de Sherlock Holmes. Si bien en el Canon no se incide de una forma especial en los momentos en los que Holmes se arremanga para dar una clase de baritsu al esbirro de turno, ACD ha tenido buen cuidado de describir al detective y mostrarlo como alguien diestro en variadas técnicas de lucha, con o sin armas. Es algo que el lector percibe, aunque en el misterio en cuestión el detective no se haya visto en la necesidad de usar más que su cerebro. El cine y los comics han prestado más atención a esta característica sherlockiana, y se ve claramente que no chirría, sino todo lo contrario.

En particular, sus escenas de pelea o lucha están muy  coreografiadas…
También es cierto lo del aspecto coreográfico en las escenas de lucha. Por un lado, supongo que influye mi dedicación a la esgrima deportiva, que es otra de mis pasiones. Pero más importante, creo yo, es el efecto del cine en mi cabeza. Considero que rodar acción de manera correcta es una destreza que no está al alcance de cualquier realizador. A mis ojos, los grandes maestros del cine clásico de acción, como Raoul Walsh, John Ford, Michael Curtiz, Phil Karlson, Robert Aldrich, Terence Fisher o Howard Hawks, aún no han sido superados. Steven Spielberg o Quentin Tarantino son parte de esa dinastía.

El retorno del cazador, su primera novela sobre Holmes, ha tenido  varias vidas  editoriales paralelas a sus etapas  como escritor. La primera…
En 1998, con 30 años, poco antes de que se empezase a navegar tímidamente por el ciberespacio, y por cuestiones de trabajo, me hallaba viviendo en un pueblo de Orense, más solo que la una. Por aquel entonces me leí un par de pastiches que no me convencieron demasiado (las historias de Moriarty de John Gardner) y cuando acabé, me dije que una manera de llenar las tardes de invierno era vivir la aventura de Holmes que yo quisiese. No sabía si me iba a salir algo siquiera legible, pero me puse a escribirla. Y en el proceso me lo pasé muy bien. La leí yo, mi familia y unos cuantos amigos, impresa en folios, y listo. Luego, durante la década siguiente, me dediqué con mi hermano Julio a publicar un fanzine de literatura,  tebeos, cine, música… llamado Fandezine , y volqué mis ocurrencias en ese cajón de sastre.

La segunda…
En 2008 El retorno del cazador  sufrió una mutación inesperada: su publicación, a través de Creápolis, una de esas editoriales online que se encargaban de maquetar (de aquella manera) y de hacer tiradas pequeñas  en formato “libro de papel”. De esos de verdad. Me hizo mucha ilusión verlo y más comprobar que se vendía en  las librerías.

La tercera…
Siguieron seis años de mucho jaleo diverso, y por último, a finales de 2013, sucedieron dos cosas al mismo tiempo: la primera, y la más importante, me puse en contacto por primera vez con Alberto López Aroca para felicitarlo por su saga sherlockiana de Venus.  No era aún consciente de su capacidad, talento y generosidad, pero el caso es que el albaceteño conocía mi novela (había estado disponible online durante un tiempo), y cuando le dije que tenía la posibilidad de volver a publicarla (con una modesta editora gallega, Plan B) me dio buenos consejos y me invitó a la maravillosa Tertulia Sherlockiana (o Holmesiana) de Madrid. Un mes después me hice socio de Círculo Holmes, y vi así que mis conexiones sherlockianas rompían las fronteras galegas. A partir de entonces, fue un no parar.

La cuarta…
A El retorno del cazador no se le han acabado las vidas, pues —aún sin fecha— tendrá una nueva edición, junto con  La sangre del Transvaal, dos libros que están agotados.

Sorprendentemente en El retorno del cazador  no usa a Watson como narrador sino a Innes Doyle…
Decidí, muestra clara de bisoñez, que mi novela tenía que ser muy original, por lo que, para empezar, descarté a Watson como narrador. Por otro lado, como explico en el prólogo de la novela, en 1989 viví una temporada en Southsea, donde ACD había abierto su consulta. Allí se alojó también su hermanito Innes, quien años más tarde perdería la vida en la Gran Guerra. Mis recuerdos personales y el deseo de darle un protagonismo especial a ese Doyle del que no se ha hablado demasiado me llevaron a asignarle la pluma. Esta vez él iba a ser el “chronicler” de un caso especialmente trascendente, en el que la sangre no llegó al río gracias a Sherlock Holmes.

Da la sensación que Sebastian Moran es un personaje que le fascina.
Cierto. A la hora de elegir villanos de peso procedentes del Canon, Moriarty siempre me intimida un poco. Es el Dr Mabuse, alguien demasiado imponente y poderoso y tengo miedo de que las tramas se me vayan de las manos o que el profesor me la juegue al final a mí.

Juega con su ambigüedad (a)moral, su valentía y su carácter aventurero
 Moran es más manejable e interesante que Moriarty; siempre lo he visto como ese villano atractivo y aguerrido que al final te la va a jugar sí o sí. Es un asesino, sí. Merece la horca, sí, pero dudas en acabar con él porque el tipo tiene demasiado carisma para hacerlo desaparecer así como así.

En El retorno del cazador cita El caso de la Gioconda…
La verdad es que esa referencia es un guiño y un homenaje a la serie de Jeremy Brett. Se trata de una secuencia-pastiche que se incluyó en el episodio de The final problem, en la que se trata el asunto .

Le cito: “Watson había comprobado en multitud de ocasiones que las escenas tranquilas esconden a menudo dramas a punto de estallar”
La verdad es que no sé si Watson lo “había comprobado” o la realidad es que Holmes le había explicado que esas cosas pasan. Frases como esas son intentos frustrados de recrear maravillosos comentarios canónicos de Holmes, como aquel de La aventura de Copper Beeches, en el que presenta la imagen idílica del campo como un lugar en el que las cosas más horribles pueden suceder.

Vuelvo a citar: “Existen varias figuras de relevancia cuya eliminación provocaría que esta Europa trastornada que estamos viviendo estalle en una explosión de sangre y horror”. El plan para realizar una serie de magnicidios es el “motor” de la trama de El retorno del cazador
Sí. Esa es la mejor excusa que hay para darse un paseo por la Historia y meterse en esa dimensión del “What if…?”. “¿Qué sucedió cuando Sherlock Holmes investigó las acciones terroristas de finales del siglo XIX?” .La respuesta la tenemos aquí: libró -momentáneamente- a Europa de una crisis muy seria.

Watson falla en el intento de evitar el asesinato de Cánovas de Castillo…
Ni Sherlock Holmes puede estar en varios sitios al mismo tiempo, así que no pudo impedir daños colaterales, como el asesinato de Cánovas del Castillo. Quería desarrollar la acción en muchos escenarios europeos, y tenía claro que uno tenía que ser España. Como el tema del terrorismo anarquista entró en juego, y en 1897 tuvieron lugar el Jubileo y el asesinato de Cánovas, todo cuadraba bien. Además, por aquel entonces me leí cosas sobre Cánovas, así como La campana de Huesca, su novela histórica, a la que se hace referencia en la secuencia de Santa Águeda, y tenía al personaje fresco en mi cabeza.

Holmes detiene, sin embargo, la conspiración sobre la controvertida  figura del zar Nicolás II
Sí, porque el asunto estaba abocado a un duelo entre Holmes y Moran, del que inevitablemente saldría vencedor el detective. De todas formas, Nicolás II y su familia se encontrarían con su trágico destino un par de décadas más tarde.

Una de las claves de la novela es la reunión e interacción entre Dupin y Holmes
Me hice dupiniano prácticamente a la vez que sherlockiano, y las tres historias de Allan Poe (bueno, sobra decir que especialmente Los crímenes de la Rue Morgue, claro) me marcaron profundamente.

Se dio un gustazo… además Dupin ha sido poco utilizado en pastiches…
Sí fue un gusto juntar a los dos detectives, pero hay que decir que Dupin cuenta con un considerable número de apariciones en los pastiches sherlockianos. Véase si no el prólogo a El otro Canon de los Libros de Barsoom, escrito por Alberto López Aroca, donde el autor da cuenta de ello.

La novela finaliza en el Jubileo de la Reina, en 1897,quizás un simbólico final a una época. Le he oído decir que el siglo XX empezó a finales del XIX …
Opino, junto con más gente, que la bisagra del siglo XIX al XX está situada un poco antes de 1899 ó 1900. Quizá en 1888, por ejemplo, cuando Jack El Destripador revolucionó una sociedad, transformó la prensa y puso en marcha un desarrollo de la técnica policial sin precedentes. Al rato, cuando Sherlock Holmes se convirtió en un fenómeno cultural y social, todo se aceleraría aún más.

Parece tener simpatía por la reina Victoria, la pinta como una mujer valiente…
En cuanto a la Reina Victoria, recordemos que no es ella quien se juega la vida al final, sino Holmes disfrazado. Tampoco hay que olvidar que la novela está narrada por Innes Doyle, un personaje de la época, alguien que sería soldado británico, con fuertes sentimientos patrióticos.  Es él quien presenta a los personajes. Por mi parte, aunque a esa señora no le tengo demasiado respeto, y aunque creo que los imperialismos en general son una cosa dañina para la raza  humana, decidí no interferir en el punto de vista del hermano de ACD.

En La sangre del Transvaal (2014), su segunda novela, ya utiliza a Watson como narrador…
Cuando, para mi sorpresa, un día desperté diciéndome que ERDC no iba a ser el último de mis libros sobre Sherlock Holmes, tuve que admitir que Watson era el que mejor podía contar las aventuras de su amigo. En cuanto a lo de tener la seguridad suficiente para dar voz a Watson, eso no representó un problema. No me refiero a que lo haya logrado de manera convincente, sino a que apropiarte de ese personaje es una de los misterios maravillosos de la Humanidad. Comienzas a hablar por boca de Watson y automáticamente estás metido de cabeza en la aventura. El sitio en el que se acaba ya depende de cada uno.

La secuencia en el fumadero de opio del Limehouse es casi noir
De nuevo, mi memoria cinematográfica  controló la situación, supongo.  Revoloteaban por mi cabeza secuencias de películas como The red kimono o La casa de mambú de Samuel Fuller, o alguna escena con Mr Wong o Mr Moto para extraer algún ingrediente que otro.

Hay guiños: En la novela aparecen un asesino en serie y perros del infierno
De hecho, estuve a punto de que Jack fuese uno de los villanos de la historia, pero al final lo reduje a un comentario de Watson en el extracto de su diario.

La trampa de Wiggins recuerda al cuento   The brazilian cat de Arthur Conan Doyle
Quizá The brazilian cat - un relato, por cierto, para quitarse el sombrero; para mi está, sin duda, en el top 20 de ACD - me vino a la cabeza, pero no lo recuerdo. Quise que Wiggins fuese protagonista de una pequeña aventura, y al final resultó un segmento de terror un poco gore de más, a juzgar por comentarios que he recibido a este respecto. A mí no me parece muy exagerado, pero bueno.

Aparece un flamante Richard Hannay, pletórico de bonhomía, inteligencia y recursos. Parece claro que, para usted, el personaje de John Buchan siempre será  Robert Donat.
¿Es que acaso alguien lo ha hecho mejor que Donat? Yo creo que ni Robert Powell, ni Kenneth More, ni Barry Foster —que protagonizó una versión televisiva de The three hostages —, ni el de la versión del 2008 lo son. Que conste que Robert Powell apareció en una entretenidísima serie titulada Hannay, pero siempre lo he visto como un actor con una cara de 1975. Por otro lado, Hannay también es un personaje admirable. Un héroe de perfil bajo, podríamos decir, pero que se revela como un fuera de serie cuando hace falta.

La guerra anglo-boer, el marco de su segunda novela  La sangre del Transvaal (2014) , es un episodio histórico donde sale a florecer lo más “granado” de la crueldad humana y eso se refleja en la novela…
Si lo reducimos a su expresión más básica, se trató de un conflicto entre dos grupos colonizadores que desarrollaron su lucha en suelo ajeno, y eso siempre me ha atraído. Además, hubo unos terceros en discordia,  los diferentes pueblos indígenas, que también tomaron cartas en el asunto y convirtieron todo aquello en una amalgama multicolor de odio y sangre. También está Winston Churchill, que desempeñó acciones heroicas en el conflicto y a quien estuve en un tris de meter en el ajo. Al final lo descarté porque me parecía que podía correr el riesgo de empacho debido al síndrome de “spot the celebrity”.

En una aventura en el Imperio en África es imposible no acordarse de Allan Quatermain. Usted lo hace…
Tampoco quise que participase de ninguna manera en la aventura, pero creí que el pasaje era necesario y su recuerdo más importante en la aventura que, por ejemplo, el de Churchill, que fue descartado.

Se dio el gustazo de incluir en el libro Chicago en Rojo un noir de estilo hammetiano para contar el destino del hijo de McAllister , otro personaje ambiguo y versátil que le ha dado mucho juego
Cierto. Hay una historia detrás de MacAllister y Chicago en rojo…

Adelante…
Alrededor del año 2000, en nuestra revista, Fandezine, comencé a publicar por entregas, en plan serial, una historia negra que acabaría convirtiéndose, más o menos, en “Chicago en Rojo”. Cuando estaba dándole los toques finales a LSDT, se me ocurrió recuperar la historia central de aquel serial para poder ofrecer un flip-book –un libro con dos portadas, que se puede empezar por cualquier lado- y adaptar algunos personajes y algunas situaciones, encajándolos de alguna manera en la aventura de Holmes. Así, por ejemplo, convertí a uno de los mafiosos de la historia en MacAllister, añadí el epílogo del inspector West con el mensaje de Sherlock Holmes, etc.

El componente de aventura de sus novelas se aumenta en  La Conexión Kashmir  (2015) cuya mayor parte tiene lugar en el gran escenario de la India imperial…
Necesitaba escribir esa novela porque en 2015 me di un atracón de películas, ensayos y novelas del género colonial: Salgari, los lanceros bengalíes, Kipling, los Korda, etc, etc, y quise regodearme en el asunto a mi manera antes de pasar a otra cosa. Por eso pensé en Moran y sus experiencias en el Raj.

La novela se enmarca  en los días de la partida de Holmes y Moriarty a Suiza -algo poco tratado en el Canon- y el encuentro londinense de Moran y el hermano más listo de Sherlock Holmes
No es una aventura de Moriarty ni de Sherlock Holmes, pero la historia que enmarca la narrativa central gira en torno al enfrentamiento de los dos archienemigos. También creí que estaría bien darle protagonismo a Mycroft, más allá de la consabida visita al Diógenes. Todavía no se ha escrito la historia que se merece el personaje, aunque me falta por leer la novela de Kareem Abdul Jabbar.

Da la sensación de que los thugs le fascinan como al hoy olvidado Emilio Salgari…
El thug  me ha fascinado desde pequeño. Tratado de manera apropiada, podría llegar a convertirse en un icono más del terror, en la línea de Jack el Destripador; por ejemplo,si no lo ha hecho ya: véase esa maravilla que es The stranglers of Bombay de Terence Fisher o The Deceivers ,  la historia de John Masters llevada a la pantalla por Nicholas Meyer en una versión bastante interesante y de la que nadie habla.

Con La conexión Kashmir dio el paso a la autoedición
En cuanto al asunto de la autoedición, es obvio que el nombre de Alberto López Aroca tiene que salir a colación de nuevo. Siguiendo sus consejos y su ejemplo, elegí este método, pues no dependes de nadie y consigues exactamente lo que quieres en cuanto a formato, diseño, etc. Dejé de colaborar con Plan B Editora (a quien debo agradecer, en la persona de Pepe Alborés, la ayuda que me prestó en su día con la reedición de ERDC) y, al saber que podía contar con A.L.A. y su talento y profesionalidad como maquetador, no tuve dudas. De esta manera, tú eres el editor y tú te la juegas.

No es cómodo ser su propio editor
Da más trabajo, pero es un proceso ilusionante. También es más engorroso abordar el tema de la distribución, los tratos con Correos, problemas con las librerías… Pero, de nuevo, tú eres el único responsable de cómo vaya la cosa, y eso compensa el trabajo extra.

Como no podía ser de otra forma llamó Thuggeera a su editorial 
El nombre exótico, “Ediciones Thuggeera”, fue idea de A.L.A. Me pareció estupendo, claro, y me dije que el nombre iba a quedarse.

Con El detective en la trinchera (2016)  entrega un libro muy trabajado y muy heterogéneo; un, en el mejor sentido de la palabra, libro–objeto
Me lo planteé así desde el principio. Me gusta verlo como una caja con diferentes compartimentos independientes pero conectados. Un libro-objeto, sí, con el que puedes hasta cierto punto jugar, eligiendo por  qué parte del libro comienzas. Son aspectos geniales del libro de papel, que se pierden definitivamente en el electrónico, claro.

Los diversos materiales de El detective en la trinchera  le “obligaron” a convertirse en  traductor y anotador de un  endiablado slang  inglés
La traducción no resultó, salvo en algunos pasajes, un trabajo demasiado difícil, pues soy especialista en lengua inglesa y hoy en día, con el nivel apropiado de conocimientos, e internet a mano, se puede encontrar explicación para cualquier cosa inverosímil. Las anotaciones eran fundamentales para que el lector, avezado en el uso del idioma inglés o no, no se atrancase en numerosas ocasiones, por culpa de expresiones de significado oscuro, relacionadas con la jerga militar, el de las trincheras y los muchos giros idiomáticos. En el libro doy cuenta de las publicaciones que me sirvieron de ayuda para interpretar las construcciones más rocambolescas y el vocabulario más inexplicable.

En este libro la tipografía y la maquetación son fundamentales para llevar a cabo la historia
La preciosa maquetación, que representó un trabajo inmenso, es el resultado del trabajo de ya saben ustedes quién. Alberto López Aroca es la evidencia de que el verdadero talento le debe mucho a la dedicación constante.

En El detective en la trinchera  narra un episodio muy poco conocido de la I Guerra Mundial: el entretenimiento de los soldados en las trincheras a partir del periódico de humor para la tropa The Wipers Times ¿ Como lo conoció?
Sigo un podcast  norteamericano llamado I hear of Sherlock Everywhere, presentado por dos caballeros muy capaces llamados Scott Monty y Burt Wolder, que cualquier sherlockiano con conocimientos de inglés debería escuchar. El programa también tiene una web donde se sigue al dedillo la actualidad del personaje y la obra de Doyle, y es una referencia imprescindible en internet. Pues bien, en uno de los podcasts, hace año y medio más o menos, entrevistaron a Glen Miranker, uno de los mayores coleccionistas de material sherlockiano y doyleiano del mundo. Fue entonces cuando descubrí la existencia del Wipers Times  y la prensa de trinchera, así como las infinitas parodias de Sherlock Holmes que se creaban en el frente.

¿Y entonces?
Lo primero que hice fue hacerme con la edición facsímil del periódico, que se publicó en varias ocasiones en UK, y comprobar lo desquiciado que era el asunto. Luego, una tarde de agosto, en una sesión de la Tertulia Sherlockiana (o Holmesiana) de Madrid, salió el tema a colación, y los amigos con los que compartía jarras de cerveza me animaron a que desarrollase el tema, considerando la traducción de las hazañas de Herlock Shomes ( el personaje que parodiaba a Sjerlock Holmes), seguida de algo más de mi propia cosecha. La cosa fue tomando cuerpo, y todo encajó como si estuviese programado, pues el tercer serial de Herlock Shomes quedó truncado en su día a causa del final de la contienda. No tenía más que crear algo nuevo, un pastiche de Sherlock Holmes, quizá, para concluir el misterio.

¿Solo?
Bueno, el interés que también me despierta la Gran Guerra, hizo el resto.

El libro comienza con un documentado estudio sobre  The Wipers  Times…
Busqué una buena cantidad de información acerca de la prensa de trinchera, navegando por esa maravilla de la humanidad que es la www y utilizando bibliografía varia, en la que destaca, claro está, la edición facsímil anotada de Malcolm Brown. Después, me dediqué a hacer una criba y filtrar la información esencial, para que la introducción resultase  informativa pero no abrumadora, y por último completé el texto con opiniones y reflexiones personales.

Y continúa con la reproducción y anotación de los episodios  referidos a Sherlock Holmes publicados en la revista
No estamos ante el detective de Baker Street, sino ante un remedo bufonesco llamado Herlock Shomes (o ‘Sholmes’, como se les escapa a menudo a los autores) que intenta resolver los casos más carpetovetónicos en el territorio belga, sangriento y embarrado, del período que va de  1916 a 1918. Las historias concluyen normalmente en una baño de sangre del que nadie sale vivo, para comenzar de nuevo en un nuevo serial como si nada hubiese pasado.

¿Cómo es Herlock Shomes?
Shomes es un adicto al espray vermoral —un líquido protector que llevaban los soldados aliados para usar en caso de un ataque con gas—, y se lo inyecta en vena por galones. Su ayudante y amigo, el doctor Hotsam (o Flotsam) le asiste fielmente, y luego está una larga lista de personajes más o menos absurdos, incluyendo zapadores, damiselas en apuros (también bastante locas), espías, asesinos.

Sorprende el humor tan grouchomarxista  de los textos… 
Son aventuras humorísticas y muy desquiciadas, con momentos que no desentonarían en un show de los Monty Python puestos hasta arriba.

Quizás, ante la guerra, sea la única reacción posible
El artífice del Wipers Times, Fred J. Roberts, y sus muchachos, se lo pasaron sin duda en grande inventándose masacres burlescas para reírse un poco de la situación de locura en  la que estaban metidos, era una de las pocas maneras en la que los soldados podían evadirse por unos minutos de la pesadilla que vivían.

En el Wipers Times , el frente se convierte en el País a Través del Espejo de Carroll.
El estilo elegido fue el correcto, visto el éxito que alcanzaron estas publicaciones. En 2013 se realizó un film para TV, con Ben Chaplin, titulado The Wipers Times, en el que se cuenta la historia de la revista a la vez que se ofrece un bosquejo de la vida de Roberts. En la película se recrea de manera nostálgica la alegría que el periódico distribuía por las trincheras. Aquel montoncito de hojas dobladas llegaba a las manos de los soldados envejecidos prematuramente por el sufrimiento, y la sonrisa llegaba a aparecer en sus labios por un momento.

Fred J. Roberts fue, a su manera, todo un héroe…
Roberts fue en verdad un tipo único. Un héroe anónimo y en cierto modo fracasado, como el personaje de John Wayne en They were expendable  de John Ford. Al margen de su labor como editor y principal responsable de las ocurrencias publicadas en el Wipers Times, fue un soldado que creía en que se estaba librando una guerra que había que ganar, a pesar del imponente enemigo y de los impresentables e incapaces altos mandos de su propio ejército.

¿Y al acabar la guerra?
 Cuando terminó la contienda, la paz no trajo nada especialmente bueno para él y su generación, ya que no fue capaz de continuar su carrera periodística a un nivel profesional. Además, la posguerra trajo consigo una filosofía pacifista que paradójicamente desprestigiaba figuras como la suya. Todo lo que tenía que ver con el ejército, con los hombres sencillos que habían luchado por su país, los valores que habían defendido, se ponía en entredicho.

¿Cómo acabó?
Se dejó ir entre la niebla una buena mañana, decepcionado y desanimado ante aquel nuevo mundo sin guerra, y se fue de Inglaterra. Murió en Canadá en los años 60.

La tercera parte del libro , en una pirueta literaria, la dedica a La aventura del veneno en el cielo  su continuación a un caso que quedó inconcluso en el Wipers…
El serial incompleto, ‘The bound of the Baskershires’, era la excusa perfecta para dejar volar la imaginación, echar mano de algún incidente concreto y utilizarlo para escribir mi nuevo pastiche sherlockiano. Sherlock Holmes no puede menos que verse arrastrado a la investigación del misterio que le sugieren las ajadas páginas del periódico.

Su Holmes tardío no rehúye las consecuencias de la guerra
A diferencia de Watson o Reville —de vuelta tras La conexión Kashmir —, quienes, en cierto modo, quieren olvidar los dramas bélicos de la década anterior, Holmes mira a la historia a la cara, sin que esta haga mella en su sensibilidad. Por eso defiende a los creadores de la revista y se adentra en el misterio del Wipers Times hasta el fondo.

Percy Reville reaparece cincuentón junto con Shawn - Cumberly , un “rival” de  Mycroft Holmes, y Virginia Lamont…
Reville, Shawn-Camberly, Virginia Lamont y Potts están extraídos, más o menos, de una serie de TV británica llamada Virgin of the Secret Service , emitida en 1968 y que supongo que vio alguien en Inglaterra en su día. Hace unos años se editó en DVD y la verdad es que es una serie recomendable. Virgin es una especie de predecesor de Harry Flashman, y aunque en realidad es su antítesis (Virgin es heroico, galante y honrado) , el contexto histórico y el tono de comedia mordaz, combinada con sorprendentes momentos de violencia, pertenecen al mundo del personaje de MacDonald Fraser. Me gustaría saber si el autor siguió Virgin of the Secret Service  por televisión.

Reville es otro de sus personajes fetiche
Si, pensaba que Reville y compañía no tendrían mucho más que decir tras La conexión Kashmir  pero  fueron creciendo como personajes y parece que tienen más empaque del que les suponía.

La novela concluye, nunca mejor dicho, por todo lo alto
La pelea en el dirigible es uno de esos momentos culminantes que creo que deben tener las buenas historias de aventuras.

Cierra el volumen con una deliciosa narración en dos tiempos que hace un doble homenaje a los lectores del Wipers Times y a ese grupo selecto de personas que se reúnen -en todas partes del mundo-  para hablar de Sherlock Holmes: las sociedades sherlockianas o holmesianas…
Sí, quise homenajear a F.J.Roberts y sus muchachos, a ACD, que también participa en el relato, y a los BSI, que sin duda fueron entre los años 30 y los 60 del siglo XX los escritores sherlockianos fundamentales, imprescindibles para todas las generaciones venideras, y a los que hay que tener siempre cerca. Starrett, Baring-Gould, Morley, Edgar Smith, Julian Wolff… son referentes para cualquier amante de Sherlock Holmes. Me pareció una buena forma de acabar el libro y de decir ‘hasta pronto’ a mis novelas sherlockianas. Habrá más, por supuesto, pero primero haré un paréntesis en el que me dedicaré a otra figura de la época victoriana.

 Jack the Ripper  supongo…
Saucy  Jack es un personaje muy famoso que todo el mundo conoce, pero de lo que no es consciente todo el mundo es del alcance de su popularidad. De eso va mi próxima publicación, que espero esté disponible el próximo verano.

Da mucha importancia al diseño y estética de sus libros. En este sentido es crucial la colaboración con su hermano Julio…
Así es. Conté con mi hermano desde el principio, porque nos podemos poner de acuerdo bastante rápido, y porque hay confianza total para gestionar los aspectos económicos del asunto. Julio y yo compartimos las mismas aficiones desde que éramos niños. A los 5 ó 6 años rellenábamos libretas con nuestros tebeos e historias. Nuestra colaboración continuó y culminó en los años de publicación de la revista ‘Fandezine’, que distribuíamos por bares y diferentes locales de nuestra ciudad, Lugo, financiándonos con la publicidad que contenía. Luego mi hermano formó una familia y pasó a dedicarse a su faceta de profesor de diseño gráfico, principalmente, mientras que yo anduve de aquí para allá hasta que me establecí en Santiago de Compostela. Cuando decidí reeditar ERDC le pedí que me echase una mano, y hasta ahora. Los diseños, portadas e ilustraciones de mis novelas parten de una idea mía que Julio desarrolla. Son un tanto minimalistas por dos razones: porque mi hermano cuenta con tiempo libre limitado para invertir en estos asuntos y porque creo que un dibujo más o menos sencillo puede resultar suficientemente llamativo y contundente para una cubierta. He de decir que son portadas controvertidas, pues no convencen a todo el mundo, pero desde mi punto de vista, funcionan.

… y con Alberto López Aroca…
En cuanto a Alberto López Aroca, creo que a lo largo de la entrevista ha quedad claro que su ayuda ha sido esencial para que yo empezase a familiarizarme con el universo de la edición —y autoedición—, y con cientos de pequeños trucos que ha compartido conmigo, que facilitan y mejoran el trabajo. Su mente e imaginación prodigiosas son fuente de ideas y ocurrencias geniales sin fin: colaborar con ALA es estar seguro de que el resultado va a ser serio y profesional. Aparte de con Sherlock Holmes, también estoy en deuda con Alberto López Aroca.

Y ya por último…
Gracias por estas preguntas, que me han ofrecido una inesperada visión global de mis andanzas literarias.

Una entrevista de Luis de Luis Otero (Jabez Wilson) para el Círculo Holmes

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