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02.11.2017

Entrevista a Carmen Moreno

“Sherlock Holmes hubiera detestado mi novela”

Despide entusiasmo y tenacidad es decir que tiene las cosas claras. Es poeta, editora y le fascinan - incluso, intuyo, más de lo que le gustaría reconocer - las múltiples aristas y destellos de la época victoriana que  hace que convivan en “Sherlock Holmes y las sombras de Whitechapel” un admirable y fascinado ajuste de cuentas con ese tiempo inagotable. 

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Su relación con la literatura es muy emocional…
Mi relación con la literatura es absolutamente amorosa e incondicional. No imagino la vida sin leer, escribir… No hablamos de la literatura como una forma de desfogue, sino como un acto de creación consciente en el que sabes que tienes mucho más que perder que ganar, pero no puedes evitarlo porque es tu mundo, tu vida. Y todos tenemos el instinto de supervivencia muy desarrollado.

Siempre se ha expresado, prioritariamente, a través de la poesía.
Sí y no. Yo siempre me he movido entre la poesía y la narrativa. De hecho, me encaminé profesionalmente en la literatura porque Fernando Quiñones, mi maestro, leyó una obra de teatro mía y le encantó. Esa obra solo la tiene mi madre, claro. Pero fue Fernando el que descubrió que yo era mejor narradora que poeta, aunque es cierto que comencé a publicar poesía muy joven (el mundo literario siempre me ha tratado bien), con 21 años salió mi primer libro, estoy de acuerdo con él en que soy mejor narradora que poeta. Aunque como poeta estoy en los “Clásicos escolares” de la Junta de Andalucía.

El primer Sherlock Holmes fue…
Creo recordar a Sherlock Holmes desde siempre, aunque el que me enamoró fue el de la serie de mediados de los ochenta dirigida por  Hayao Miyazaki y Kyosuke Mikuriya. Esos dibujos animados me arrastraron al personaje sin ningún tipo de dudas. Las novelas me parecían más arduas, era mucho más de Agatha Christie que, en principio, escribe de una manera mucho más asequible a todo el mundo.

¿Y le impactó?
Lo más impactante de Holmes, sin duda, es el personaje. Nadie se había atrevido hasta la fecha a hacer del antihéroe un héroe. Quiero decir, nadie que escribiera lo que llamamos “literatura de masas”. Obviamente, ya Cervantes lo hizo, y, seguramente, Conan Doyle había leído “El Quijote”. No imagino a ningún aspirante a novelista de histórica que no leyese “El Quijote”. Siempre me ha hecho gracia que tachen a Poirot como un pedante insufrible. ¿Qué es Sherlock Holmes? Lo único que diferencia a Holmes de Poirot es su lado más sucio, más abyecto, más mundano. Eso es lo que le hace único. Holmes es un súper héroe, sí, pero un súper héroe con las mismas miserias que nosotros.

¿Su cuento favorito del Canon?
“Escándalo en Bohemia”, la historia más tramposa que he leído nunca.

¿Su personaje?
Sin duda Holmes. En el fondo porque me gustan los personajes como él o Sheldon Cooper. Me siento muy identificada con ese tipo de caracteres.

Sherlock Holmes suele acompañar toda la vida lectora ¿Cómo prosiguió su relación con el personaje?
Leyendo pastiches y más pastiches. Me parece que algunos son tremendamente buenos, casi mejores que los originales. Tranquilos, he dicho “casi”.

¿Qué tiene, o debe tener un pastiche holmesiano para que sea válido?
No lo sé. Desde luego, manejar cosas básicas que Conan Doyle jamás usó y siempre usó. Por ejemplo, Sherlock Holmes y Watson nunca se llamaron por su nombre de pila.

Cuando se empieza una editorial siempre hay una razón: publicar los libros que a uno le gustaría ver en las estanterías ¿Cuáles fueron esos libros, o ese estilo de libro?
Me interesa mucho la novela negra y me planteé muy poco otros géneros, pero fueron llegando y me entusiasmaron. Los thrillers me apasionan. La novela “Alicia” de Miguel Aguerralde, para mí fue un soplo de aire fresco y calidad. Tener un Elia Barceló como el que tiene un Picasso… Todo lo que retratara lo más retorcido del alma humana me fascina y es lo que he ido buscando. Este año, además, comenzamos colección infantil. Acabamos de tener una hija y pensé qué me gustaría que mi hija leyera. Si solo se “traga” los mensajes de Disney saldrá una niña un tanto engañada. Así que, sí, en mi editorial está todo lo que me encanta leer. Disfruto mucho.

¿Y la toma de la decisión? ¿Cómo recuerda el momento?

La decisión la tenía tomada desde hacía mucho tiempo, pero trabajaba en una empresa de calderería y mecánica naval y había prometido al empresario, mi padre, que no le abandonaría hasta que su jubilara. Yo era la jefa de administración. Cuando acabe Filología Hispánica, hice un Máster en Contabilidad y Finanzas y, más tarde, con 32 años me fui a Madrid a hacer el Máster en Edición de Santillana que respaldaba la USAL. Lo que más me gusta en este mundo es aprender, así que siempre ando estudiando algo nuevo.

¿Su primer libro?
Nuestro primer libro fue un desastre hicimos mal hasta el código de barras. Eso sí, es un novelón de Juan Guinot. Una historia divertida y muy bien escrita por uno de los autores argentinos que más me gustan.

Desde entonces ahora… ¿Los momentos más gratificantes?
Bueno, el más gratificante, sin duda, cuando nos dieron el Premio de la Crítica Valenciana por La maga y otros cuentos crueles de Elia Barceló. Elia lo merecía, nosotros ni siquiera teníamos un año de vida, así que no lo merecíamos tanto, pero fue una alegría. Luego, las mayores satisfacciones han llegado por parte de los autores y los lectores. Tenemos mucha suerte con todos ellos.

¿Los más decepcionantes?
Los más decepcionantes seguramente los que han tenido que ver con decisiones drásticas empresariales que no fueron entendidas en su momento. Ser editora conlleva que todo el mundo sea tu “amigo”, hasta que dices “no”. Pero tampoco han sido tan decepcionantes.

Aquellas apuestas que fallaron…
Y, por supuesto, hemos tenido apuestas que yo creía que eran absolutamente seguras y han supuesto un gran descalabro, pero prefiero no dar títulos.

Es curioso que pasan los años y el aniversario del asesinato de Polly Ann Nichols sigue levantando revuelo. La fascinación por Jack el Destripador nunca remite.
Al ser humano le encanta el morbo. No puede vivir sin él. Yo no participo de la fascinación por aquel asesinato, pero sí que me fascina las mentes de los asesinos en serie, de los psicópatas. Ojo, no me gustan para nada, pero me parece fascinante cómo una mente puede ser tan primitiva.

Su Londres es un caldero donde conviven de espiritistas a fenianos…
Bueno, así era, ¿no? Todo ello convivía. El boom industrial había llevado a muchos emigrantes a Londres con la promesa de un futuro mejor y lo que encontraron fue miseria, muerte y exclusión.

La prosa de su novela tiene un cuidado especial. Es elaborada, descriptiva, evocadora…
Imagino que ese es una tara profesional derivada de la poesía, donde la palabra no puede sobrar ni faltar. Todo es matemático. Además, como ya he dicho, amo profundamente la literatura y quiero hacerlo lo mejor que puedo. De hecho, nunca me releo cuando he publicado porque me da vergüenza. Siempre pienso que podría haberlo hecho mucho mejor.

Es poco sorprendente que, viniendo de una poeta, en su libro juegue un importante papel el también fascinante poema Jabberwocky, tan interpretado e interpretable…
En casi toda mi narrativa hay poesía. También un defectillo que tengo.

No es menos ambigua la figura de su autor, Charles Lutwidge Dodgson…
Es que él era muy ambiguo. Al menos, la imagen histórica que nos ha quedado. Creo que no me gustaría tomarme un café con él, me pondría muy nerviosa.

Su novela está poblada por fascinantes e indefinibles personalidades victorianas como Andrew Lang…
Un visionario capaz de reconocer en Conan Doyle lo que nadie había reconocido.

Walter Sickert…
Una mente oscura y torturada.

Oscar Wilde…
Una víctima de sí mismo.

El personaje más indefinible y ambiguo de toda la era victoriana: Arthur Conan Doyle.
Un personaje, sí señor. En todos los sentidos.

¿El primer destello de la novela inspiración?
Hablaba mucho con Juan Mari Barasorda de literatura victoriana, de Doyle, de Lang, de la época en la que les tocó vivir y si serían o no lo que fueron hoy (probablemente no). Y de asesinos en serie. ¿Por qué Doyle nunca escribió sobre el Destripador, siendo coetáneos…? Así surgió.

Nunca se planteó ¿Para qué otra novela del Destripador?
No. Básicamente escribo siempre lo que me apetece. No me planteo si ya hay suficiente de algo. Probablemente, ya hay demasiado de todo, pero seguimos escribiendo sobre el amor, el odio, las frustraciones, el terror… Y, en realidad, ya todo está escrito y lo han hecho mil veces mejor de lo que nosotros lograremos hacerlo. No se puede vivir pensando que, como ya lo ha hecho otro… Dejaríamos de respirar.

Siempre se ha dicho que Jack The Ripper fue el primer asesino mediático. ¿Se le imagina hoy en día?
No hace falta que me lo imagine. Lo veo todos los días en la tele. Agresiones a mujeres que salen indemnes, asesinos de sus propios hijos que pasarán un tiempecito en la cárcel y saldrán con derecho a paro, mientras los autónomos en este país no tienen ese derecho. Lo que no me imagino es un mundo sin un Jack The Ripper y eso es tristísimo.

Su segmento de la novela de los Irregulares de Baker Street y dio lugar a una extraordinaria antología.
Adoro a los niños y me fascina la imagen de la infancia que tenemos. Creemos que la infancia siempre estuvo así de protegida. Pero, lo cierto es que los niños, sobre todo si eran pobres, importaban una mierda. Hoy en día sigue pasando. Los Irregulares son las ratas de Sherlock Holmes, los utiliza por una miseria para conseguir información porque les resulta fácil infiltrarse en los bajos fondos. No, “infiltrarse” está mal dicho: ellos son los bajos fondos.

Es una antología excepcional que, a partir de un concepto trilladísimo como los Irregulares proporciona una enorme variedad de relatos y de enfoques.
Gracias por la parte que me toca, pero el mérito es de los autores.Creo que detrás de cada irregular hay una historia tremenda y quería descubrirla. Luego, la elección de autores fue fácil porque los admiro a todos.

Usted sabe que es inevitable que vuelva a Holmes.
No solo lo sé, sino que tengo a medias el esquema de mi próximo Sherlock Holmes, que también tratará el tema de la infancia. Pero será cuando mi faceta de editora me deje un poco de respiro.

Por cierto, se ha preguntado que hubiera opinado de su novela.
Seguramente la hubiera detestado. La encontraría afectada, llena de incorrecciones y absolutamente innecesaria. Pero me imagino molestando, aunque solo sea un poco a Holmes y pienso que merecía la pena.

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