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Es, desde luego, una insignificancia, pero no hay nada tan importante como las insignificancias.(TWIS)
 

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Las enseñanzas de Sherlock Holmes, Una introducción a la espiritualidad PDF Imprimir
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Escrito por Luis de Luis Otero (Jabez Wilson)   
miércoles, 03 de febrero de 2010
Sigo la pista que deja nuestro consocio Juan Carlos Fernández (Melena de León) en “Novedades sobre Sherlock Holmes” (http://jcfdezaller.lacoctelera.net/ ) su flamante blog  en el que informa de la próxima publicación de Las enseñanzas de Sherlock Holmes, Una introducción a la espiritualidad de Joan Antoni Bosch Nayach.
 
En la página de la editorial Corona Borealis (http://coronaborealis.es/revista-coronaborealis/index.php/features/102-las-ensenanzas-de-sherlock-holmes-una-introduccion-a-la-espiritualidad) encuentro esta esclarecedora entrevista con el autor que paso a reproducir:.Soy un gran admirador de Sherlock Holmes. Todo el mundo asocia a este famoso personaje de ficción con aventuras detectivescas y misterios que resolver, pero en ellas hay mucho más. Estas historias contienen una gran cantidad de enseñanzas espirituales, y éste es precisamente uno de los aspectos más interesantes de nuestro detective y consultor. Mi intención es demostrar que Sherlock Holmes, además de un excelente investigador, es un gran maestro espiritual; de hecho, me referiré frecuentemente a Holmes como el Maestro. Es muy curioso que se hayan realizado tantos estudios sobre muchos de los temas relacionados con este personaje: técnicas detectivescas, conocimientos en ciencias químicas, biografías, lógica… En cambio, por lo general se deja en un segundo plano el aspecto que justamente pretendo desarrollar en este pequeño ensayo, a pesar de que, en realidad, constituye uno de los elementos básicos de nuestro héroe: su espiritualidad.
 
La concentración
Una de las características más sorprendentes de los sabios es su capacidad de concentración. A menudo, pueden parecer muy despistados y ser muy olvidadizos, pero lo que sucede, en realidad, es que están totalmente absortos en la tarea que realizan en cada momento. Esto es algo muy importante. Cuando nos concentramos en lo que estamos haciendo aquí y ahora, vivimos en el presente y podemos contactar con la vida. Imagina que estás cocinando algo delicioso. Si piensas en cosas del pasado o empiezas a soñar con el futuro, correrás el riesgo de quemarte o cortarte con el cuchillo. Puedes sufrir algún pequeño accidente –¡o quizás no tan pequeño!–. Actuando de ese modo, no vas a realizar bien tu labor, y lo que es más importante de todo: no estarás viviendo en el presente; algo que es imprescindible para tu salud espiritual. Te aconsejo, por tanto, que estés plenamente atento a lo que hagas en cada momento, no importa lo que sea. Evidentemente, la concentración es más fácil si vivimos en un ambiente de silencio interior, en un clima espiritual, pero de esto ya hablaremos más adelante.
Observemos una de las enseñanzas que nos deja a lo largo de sus actuaciones y que son importantísimas para desenvolvernos responsable y plenamente en nuestras vidas: la contemplación...
[...] su inteligencia se concentraba tan por completo en el problema que tenía delante que cualquier pregunta u observación que se hiciesen resbalaban en sus oídos.
Es probable que alguna vez hayas vivido una situación parecida a la siguiente. Estás estudiando, leyendo un libro o trabajando con tu ordenador, y de repente alguien te pregunta: "¿Has ido ya a comprar el pan?". Tú sigues con el libro o con el ordenador y comentas: "¿Cómo?". No te has enterado. Estás tan concentrado en tu tarea que parece que estés en las nubes. De esto nos habla el ejemplo anterior.
Llegué a la casa (donde se cometió el crimen), como usted sabe, a pie y con el cerebro libre de toda clase de impresiones.
La situación es la siguiente: se comete un asesinato y avisan a Sherlock Holmes. Éste se desplaza hasta el lugar de los hechos a pie. Aunque no esté especificado en el relato, seguro que durante el paseo ha disfrutado del cielo azul, del aire acariciando su rostro y de los árboles. Holmes siempre permanece en el momento presente, no importa lo que haga. Seguramente, esto lo aprendió del budismo y, por lo tanto, sabe vivir en el aquí y ahora. Caminar de esa forma le permite llegar al escenario del crimen con la mente fresca, vacía y “libre de toda clase de impresiones”, conceptos o prejuicios. Gracias a esto, realizará su trabajo desde el ámbito del silencio. Cuando escribimos una novela, no la creamos exactamente en el momento de verter las ideas en el papel. Esto sería el “fruto” del árbol. Pero, ¿y el tronco?, ¿y las raíces? El resto del árbol lo hemos producido anteriormente: al cocinar, al pasear, al barrer, al lavar los platos o al cuidar de nuestro jardín conscientemente. Sin esto, no habría frutos o bien serían de mala calidad. Cada instante de nuestra vida es un milagro, un don que debemos apreciar y disfrutar.
Pues entonces, ya sabe la hora, las cuatro y treinta. Podemos, pues, apartar el asunto de nuestra atención hasta esa hora.
En la tradición zen se dice: “Cuando comemos, comemos”, es decir, podemos comer de dos maneras distintas: una sería comer estando “presentes” en nuestra comida, o sea, disfrutar del sabor y de los colores, masticar bien, estando centrados y atentos a lo que hacemos en ese momento; la otra manera de hacerlo sería comer pensando en nuestros problemas y preocupaciones. En este caso, no sólo ingeriremos el alimento, sino también nuestro estado de ánimo y nuestra ansiedad. Alguien definía la meditación como “hacer una sola cosa a la vez”. “Pues entonces, ya sabe la hora, las cuatro y treinta”, es decir, a partir de las cuatro y media, Holmes se entregará a su trabajo al cien por cien, no habrá nada más. Cuando come, come; cuando pasea, pasea; cuando va a ver una exposición, ve una exposición; y cuando trabaja, trabaja. Nada más. Vivir de esta manera se traduce en que al hacer cualquier cosa, la hacemos bien. Pero hay algo más: cuando permanecemos totalmente atentos y concentrados en la labor que realizamos en cada momento, nuestra mente se centra, profundizamos en nuestra conciencia y creamos en nosotros un espacio de silencio. En los monasterios budistas, los monjes lo hacen todo totalmente concentrados. Cualquier detalle es importante. Cada acto es un rito, una ceremonia. Te invito a vivir así. No te arrepentirás.
–¿Está usted hambriento? –dije yo.
–Muriéndome de hambre. Se me olvidó comer. No probé bocado desde que desayuné.
–¿Nada?
–Ni una miga. No tuve tiempo de pensar en la comida.
En alguna parte, leí que un famoso científico, cuando trabajaba intensamente en algún nuevo descubrimiento, se encerraba en su habitación y pedía que le dejaran la comida en la puerta. ¡Se olvidaba incluso de comer!...  "Se me olvidó comer. [...] No tuve tiempo de pensar en la comida". Holmes, maestro y sabio, nos ilustra la misma situación. Su dedicación total a lo que estaba haciendo no le permitió ni tan solo pensar en la comida, ni tan siquiera desearla. Es un olvido de sí mismo en aras de lo que se está realizando.
[...] tan por completo absorto en su tarea que, evidentemente, se había olvidado de que yo estaba allí.
Si estás totalmente atento a lo que haces en un momento dado, todo lo demás puede “desaparecer”, incluso puedes llegar a olvidarte de todo lo que te rodea. Esto representa una penetración en la realidad, es “meditación en la acción”. Hace unos quince años, asistí junto con mi esposa a una charla impartida por el maestro zen coreano Soen-sa. Recuerdo que, entre otras cosas, comentó que la actitud correcta que deberíamos tener en la vida cotidiana y en los momentos de actividad se podía resumir en dos palabras: “Sólo hazlo”. Es decir, cuando hagas algo, ¡hazlo! Disfruta haciéndolo. Pero no pienses en nada más. Deja todo lo demás y ¡sólo hazlo! Cuando vives así, momento a momento, puede suceder que, algún día, un instante abrace la eternidad y quizás, entonces, también tú desaparezcas en ella para luego volver totalmente transformado.
 
Joan Bosh
Modificado el ( martes, 09 de febrero de 2010 )
 



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